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domingo, 25 de diciembre de 2011
Buenos Deseos para mis Lectores
sábado, 24 de diciembre de 2011
El Protagonista en la Historia de la Navidad
En un post que copié el año pasado hablaba acerca del famoso Papa Noel, Santa Claus o Padre de la Navidad. Tiene casi más de diez nombres este personaje que se reduce a una historia de la vida real de un sacerdote griego llamado Nicolás quien tras establecerse como sacerdote en la zona de Myra recibe su nombre: Nicolás de Myra. Tras las historia sufrir varios giros y las parodias de los incrédulos, nació la versión que conocemos hoy: Un barbudo, barrigón anciano que soporta fielmente los fríos vientos del Polo Norte donde tiene una magna fábrica de juguetes, una esposa que hace riquísimas galletas, seis renos que vuelan y miles de duendes que le quieren con inexplicable devoción.
La historia logra fascinar a los niños con facilidad, escribiendo cartas y dejándole galletas el 24 de diciembre, y los adultos se sucumben en el frenesí de la compra y recolección de regalos para proteger la identidad del personaje. En todo este alboroto de pedir regalos y comprar los regalos que “Papa Noel” traerá, se escapan dos detalles muy importantes. Numero uno: ¿Quién era el verdadero “Papa Noel”? ¿Cómo surgió? y numero dos: ¿Quién es el verdadero protagonista de la Navidad? ¿Quién provocó que esta fecha fuese tan especial?
Nicolás de Myra fue un hombre que vive en los recuerdos y las historias de muchas personas en el hemisferio Oriente gracias a su ministerio de amor y solidaridad mientras fue sacerdote. Como siervo de Dios, dejó un legado hermoso y muchas historias han sido contadas sobre sus actos de bondad, de manera tal que los fieles no supieron más que nombrarle un santo. Pero la historia de Nicolás llega hasta ahí, un hombre con un lindo corazón que se inclinaba a la felicidad de los niños, cumplió con un propósito especial en los caminos de Dios y trajo luz a los lugares que visitó. Todo por amor y servicio a Dios.
Jesús, Hijo de Dios y Salvador del Mundo, nació en una noche estrellada en un pequeño y pobre pesebre donde su madre le dio a luz con dificultad entre paja y animales. Este niño nacido por gracia del Espíritu Santo venia al mundo a cumplir con un llamado muy especial. Un cometido que ningún otro hombre podría realizar: morir por amor al mundo, consumar un sacrificio máximo de amor que uniera (de una vez y por todas) al hombre con Dios. Este es el protagonista de la historia, ese pequeñito bebe que pones bajo tu árbol de Navidad, ese niño que nació en un humilde pesebre pero que tenía sobre sí una luz que brillaba como ninguna otra. Que todavía brilla hoy.
Con su nacimiento él le otorgó a estas fechas un significado especial y cambió para siempre la historia de la humanidad. Los regalos son lindos de recibir, las fantasías de un hombre vestido de rojo son ilusiones infantiles que realmente le hacen la noche una aventura a cualquier niño. Pero lo que transforma los corazones, cambia las vidas y hace milagros en nuestras familias es permitir que Jesús habite en nuestro ser y sea la luz que ilumina nuestros senderos. La estrella de Jesús no ha cesado de alumbrar el camino a la verdad y al Padre. Esta alumbrando los corazones de todo aquel que este dispuesto a seguirle.
viernes, 23 de diciembre de 2011
Enciende la Luz en Ti
En esta temporada navideña el mundo gime y se lamenta por las pérdidas y tragedias del año. Muchas vidas quedaron truncadas y muchos sueños se desbarataron. En todo el mundo la gente necesita ver esa luz de amor que vino a la Tierra para iluminar su vida, de la cual el profeta Isaías escribió: «El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos» (Isaías 9:2, RV95).
Hoy, al ver que se extienden las sombras que nos rodean, pareciera que esa luz prácticamente ha desaparecido. Sin embargo, no todo es siempre lo que parece. Las tinieblas nunca podrán triunfar sobre la luz. Con solo accionar un interruptor o encender una vela, la oscuridad se desvanece.
Lo mismo puede suceder en la vida. Dejemos entrar la luz y el amor de Jesús en nuestro corazón y reflejémoslos sobre los demás, tendiéndoles una mano de compasión y bondad. Su luz resplandece con fulgor sobre el telón de fondo de odio e indiferencia que prevalece en gran parte del mundo, y además ahuyenta las tinieblas de nuestro entorno inmediato.
¿De qué vale eso? Me dirás. No va a cambiar gran cosa». Tal vez parezca que el efecto que eso tiene es imperceptible e intrascendente. Sin embargo, puede que te lleves una sorpresa. La luz de una vela es visible a más de un kilómetro de distancia cuando está muy oscuro.
Recuerdo una anécdota sobre un hombre que, mientras caminaba por la playa, iba recogiendo estrellas de mar que habían quedado varadas en la arena y las arrojaba de vuelta al agua. Movido por la curiosidad, alguien le preguntó por qué lo hacía. «Hay cientos de estrellas de mar en esta playa. ¿De qué sirve?» El hombre se agachó para recoger otra y, tirándola al agua, respondió: «A ésa le sirvió».
Tú también puedes prestar un gran servicio a los demás dejando brillar tu luz sobre ellos, de manera que cobren ánimo y se llenen de esperanza para el próximo año. Como en el caso de las estrellas de mar, quizá no puedas ayudar a todo el mundo, pero puedes influir para bien en las personas con quienes entres en contacto. Y la cosa no se detendrá ahí, porque ellas a su vez pueden influir en quienes estén a su alrededor.
Es posible hacerlo, y podemos comenzar ahora mismo rezando todos la siguiente oración navideña:
Jesús, llena nuestro corazón de la luz y el amor de la Navidad. Conviértenos en una cadena de lamparitas vivas que triunfen sobre las tinieblas e iluminen con Tu amor el mundo que nos rodea. Amén.
Fuente :Lilia Potters es misionera de La Familia Internacional en Oriente Medio.
Tomado del Blog: Jesus El Que Ama mi Alma
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Drama de Navidad
La Navidad es una de esas fechas donde pareciera que todo o casi todo a sido dicho ya, lo cual, en parte, es cierto. Pero no por cierto es que podemos dejar pasar esta fecha sin que nos demos cuenta de lo que estamos festejando, porque en una sociedad tan atada al consumo, parece que la Navidad es sólo una oportunidad donde nos vemos casi obligados a consumir más que en otras fechas, primando el tener por sobre todo lo demás.
A la gran mayoría de los que festejan la Navidad se les escapa por completo el acontecimiento que dio nacimiento a dicho festejo, quedando el hecho divino de la encarnación de Cristo como algo que difícilmente la gente ligue a esta fecha, mostrando así el desconocimiento completo de lo que debiera ser la razón y el corazón de la Navidad. Es el más grave de todos los sinsentidos entre los que se desarrolla la fiesta. La lista que ello encabeza se puede trasladar, por ejemplo a la forma en que festejamos los que vivimos en estas latitudes, pues adornos navideños cubiertos de nieve son los que engalanan nuestros árboles navideños, siendo que por aquí algo que nunca veremos en esta fecha es nieve. Es decir, festejamos algo que no sabemos bien que es y que parece que tiene poco contacto con la realidad en la que nosotros vivimos.
¿Tiene algo que decirnos a nosotros la Navidad? Si la despojamos de todos los adornos artificiales, de las reuniones familiares y los días feriados, para muchos no tiene más para decir. Creo que eso, en sí, constituye un verdadero drama navideño, pues la gente no se da cuenta que la venida del Hijo de Dios para habitar como uno de nosotros es el mayor bien que se nos podría haber hecho jamás. No hay regalo, por más precioso que resulte que se pueda comparar siquiera a lo que Dios Padre nos regaló esa noche en un pesebre de la pequeña aldea de Belén. Una humanidad corrompida entonces y ahora, recibía, sin percibirlo, a aquel que es el único que puede brindarles lo que tanto se dice por estas fechas, pero que tan poco se vive en la realidad: paz y salvación.
Pero parece que ello queda en segundo plano cuando se trata de la Navidad, pues sólo comprando y teniendo la gente parece ser feliz, cuando dejan pasar lo único verdaderamente necesario para ellos: el regalo de Dios en Cristo.
La Navidad es la llegada de todo el bien que Dios deseaba hacerle a una humanidad necesitada de dicho bien. Por más autosuficiente que la humanidad se crea, desde la perspectiva de la eternidad, es desdichada, desnuda y pobre, carente de todo lo que pueda conducirla al bienestar verdadero y a una relación gozosa con la deidad. Despreciar, ignorando, el regalo de Cristo llegando a nuestro mundo para compartir nuestra experiencia humana, enseñarnos, dejarnos ejemplo y, sobre todo y ante todo, para morir por nuestros pecados, hacer a un lado ese regalo es condenarnos a una vida que apenas merece el nombre de tal.
Navidad es la llegada del Hijo de Dios a los hombres para ser su Salvador y Señor. Es el hecho que abre las puertas para la salvación de todos los hombres y mujeres que crean en él y lo reciban para llenar de sentido sus vidas, darles vida abundante y eterna y llenarlos de una felicidad que vas más allá de lo que podamos experimentar fuera de él. Para aquellos que hemos tenido nuestra Navidad, es decir el momento en que Cristo vino a nuestros corazones, podemos decir que la luz llegó a nuestras vidas, que fueron totalmente cambiadas por su llegada.
Hoy Cristo puede venir a tu vida también, para que compruebes por vos mismo que él es realidad y que la Navidad no es un feriado más, sino que es el festejo del momento donde la eternidad tocó la historia para hacerse carne por amor por cada uno de nosotros.
En esta fiesta, ojalá que puedas festejar y pasarla bien, pero siempre tomado de la mano de Cristo, el regalo que Dios te ofrece para tu bienestar.
“El que tiene al Hijo de Dios (Jesús) tiene la vida. El que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida” 1 Juan 5.12
martes, 20 de diciembre de 2011
Abra la Puerta
Isaías 61:3 “a ordenar que a los afligidos de Sion se les de gloria en lugar de ceniza, oleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados arboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.”
Elisabet, la mujer del sacerdote Zacarías, era una mujer que en su vejez tuvo experiencia primaveral. (Lucas 1:36) Tenía en su vientre una promesa. Pese a sus años, ella estaba más cerca de su destino en ese momento de lo que había estado en su juventud. Probó que Dios nos bendice en el momento que estima conveniente y en sus propios términos. Ella era un ejemplo vivo del verso en Isaías 61:3. Ciertamente recibió “gloria en lugar de ceniza, oleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiad”.
Podemos imaginar que Elisabet pudo haber pasado muchos años anhelando un hijo. Conocía la vergüenza de ser estéril en los tiempos bíblicos y quizás ya había desistido de lograrlo. Pero Dios tenía otros planes. A una edad que algunos podrían considerar muy avanzada para tener hijos, Elisabet estaba embarazada. Ella también estaba sola. Puede que esto se debiera a la actitud de la comunidad. Cuando una mujer entrada en años es todavía una mujer vibrante y productiva, otros pueden sentirse celosos o intimidados. Quizás haya sido la silenciosa quietud de su vientre lo que otros creían que ella experimentaba. Cualquiera que haya sido la razón, ella se ocultó en su casa durante seis meses antes de escuchar que tocaban enérgicamente a la puerta.
Cuando Elisabet levantó su cuerpo achacoso y arrastró su torso alargado hacia la puerta, vio a una joven muchacha, una imagen de si misma en días que ya habían quedado atrás. Al abrir aquella puerta su vida cambio para siempre. María, la futura madre de nuestro Salvador y Señor, la joven prima de Elisabet, estaba a la puerta. El saludo de esta joven, la revelación de su experiencia, hizo saltar al niño en el vientre de Elisabet, y ella fue llena del Espíritu Santo.
Si usted se ha aislado de los demás, no importa la razón, oro para que usted escuche al Señor tocando la puerta. Él le dará el manto de alegría en lugar del espíritu angustiado. Mientras usted le abre la puerta a nuevas relaciones y remueve las cadenas de sus propios temores, Dios la inundará con un nuevo esplendor. El reanimará su corazón. Él no quiere que usted se quede sentada en una silla y muera. ¡En el nombre Jesús, levántese y abra la puerta!
TD Jakes, Santa Biblia: Mujer: ¡Eres libre!
sábado, 25 de diciembre de 2010
La Verdad sobre Papa Noel
Todos en algún momento de nuestra infancia creímos que Papa Noel existía, mucho más que nos traería asombrosos regalos si nos portábamos bien durante todo el año. Se supone que el baja por la chimenea (aunque mi casa nunca tuvo una) y deja los regalos debajo del árbol, a las doce de la madrugada de noche buena.
Más que recordar o saber que es un viejito que trabaja todo el año en juguetes para niños, en el polo norte. Debemos de conocer que la vida del Obispo Nicolás de Myra, su verdadero nombre, es digna de recordar por su bondad y el inmenso amor de Cristo, mostrado en sus actos.
Nicolás nació en lo que antes era Grecia, hoy conocido como la costa sur este de Turquía. Sus padres, personas muy adineradas, eran muy devotos de Dios y las escrituras. Siempre llevaban a Nicolás a los servicios religiosos.
Más que recordar o saber que es un viejito que trabaja todo el año en juguetes para niños, en el polo norte. Debemos de conocer que la vida del Obispo Nicolás de Myra, su verdadero nombre, es digna de recordar por su bondad y el inmenso amor de Cristo, mostrado en sus actos.
Nicolás nació en lo que antes era Grecia, hoy conocido como la costa sur este de Turquía. Sus padres, personas muy adineradas, eran muy devotos de Dios y las escrituras. Siempre llevaban a Nicolás a los servicios religiosos.
A los jóvenes cristianos de esa época se les enseñaba La Didaché, una antigua guía de principios para tener una vida recta, que invitaba a los cristianos a aceptar gustosa y plenamente los dos grandes mandamientos: amar a Dios con todo el corazón, y amar al prójimo como a sí mismo.
Y, parte de aquí la gran devoción que tenia Nicolás por seguir el ejemplo de Jesús al ayudar a los más necesitados. El gastaba cada centavo que tenía en ayudar a los pobres y necesitados. Incluso cuando sus padres murieron el gasto toda su herencia en su misión de ayudar al prójimo. Compartía con otros lo que por la gracia de Dios había recibido.
Lo que más debemos recalcar sobre su vida es que fue un hombre de Dios, dispuesto a dejar todo lo que tenia para ayudar a los demás. Esa es la enseñanza que debemos compartir sobre Nicolás de Myra o Papa Noel con los demás. No que es un anciano engordado que come galletas y trae juguetes a los que se portan bien.
Lo que más debemos recalcar sobre su vida es que fue un hombre de Dios, dispuesto a dejar todo lo que tenia para ayudar a los demás. Esa es la enseñanza que debemos compartir sobre Nicolás de Myra o Papa Noel con los demás. No que es un anciano engordado que come galletas y trae juguetes a los que se portan bien.
Sin olvidarnos siempre que Jesús es el centro de la Navidad, el verdadero propósito por el cual existe esta fecha y su verdadero origen. Todo nació esa bella noche en Belén, cuando su estrella ilumino el cielo.
Es una pena que hoy el marketing lo ha tomado como un símbolo plenamente comercial, y eso es en lo que muchos están creyendo que Navidad es simplemente para comprar y consumir, para recibir y no para dar. La Navidad no es comprar hasta el cansancio, es compartir, amar, gozar y alumbrar con el amor de Cristo los corazones de los demás.
Por: Jovenes Cristianos 777 [http://jovenescristianos77.blogspot.com/2009/12/nicolas-de-myra-mucho-mas-que-papa-noel.htm]
Si quieres conocer un poco más acerca de Nicolás de Myra, aquí te proveo el link: http://es.wikipedia.org/wiki/Nicol%C3%A1s_de_Bari
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